En Igollo de Camargo se halla una de las reservas naturales que el proyecto LIFE Anillo Verde de la Bahía de Santander gestiona fruto de un acuerdo entre el Ayuntamiento de Camargo, la Junta Vecinal de Igollo y la Fundación Naturaleza y Hombre.

En el paraje natural donde predominan encinares entremezclados con roca caliza y eucaliptos está enclavada la cueva del Juyo, uno de los principales yacimientos paleolíticos de Cantabria aunque de los más desconocidos. Por los restos que alberga, algunos arqueólogos y medios de comunicación, como el periódico The New York Times, han llegado a calificarla como el lugar sagrado más antiguo del mundo.

A través de la fauna representadas en las paredes del Juyo y en los hallazgos arqueológicos de su interior se reconstruyen las condiciones ambientales que reinaban hace 16.000 años, época prehistórica desde la que se ha documentado la presencia humana en la cavidad.

Aunque la cavidad comenzó a formarse tal y como la vemos hoy en día hace 1.5 millones de años. Es entonces cuando nos situamos en el último periodo glacial o última edad de hielo, el periodo más o menos reciente en la historia de la Tierra. Cuando los glaciares se habían extendido ampliamente por la superficie terrestre y avanzaban hacia el sur.

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Acceso a la cueva del Juyo

La cavidad se va colmatando con el paso del tiempo gracias a la erosión en superficie. Así se origina la sedimentación en el interior de la cavidad hasta llegar a la época en que la cueva fue frecuentada por el hombre. Los isótopos, restos de semillas y polen fosilizados atestiguan que el entorno en el que se desenvolvían era un paisaje de praderías con zonas inaccesibles y de pequeños bosquetes aislados.

También los restos de fauna hallados describen cómo era el paisaje entonces. Los abundantes restos de ciervos hallados atestiguan la existencia de un ambiente forestal, donde estos animales suelen refugiarse, con clima templado y cierta humedad en el ambiente. Los corzos y jabalíes también cohabitaban en ese paisaje abierto con mayor proporción de cérvidos y más escasez de los dos segundos.

Los restos fósiles de equinos que fueron hallados indican que también existían estepas donde es habitual la presencia de caballos. El uro, bóvido muy similar a un toro, también formaba parte de este paisaje ya que este animal ancestral habitó en Europa, Asia y el norte de África como atestiguan las pinturas rupestres.

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Documento histórico sobre la cueva y su extraordinario valor prehistórico.

El clima templado era esencial para la pervivencia de dicha fauna. Lo que no ocurría con el bisonte europeo que prefería las temperaturas más frías. Pero todo ellos coincidían en preferir un hábitat de espacios abiertos.

La cabra montés llegó hasta los roquedos más inaccesibles del área debido al crecimiento de los glaciares que empujaron a esta especie hacia altitudes más bajas y próximas a la costa y casi al nivel del mar.

Las pinturas rupestres muestran que además del hombre coexistían otros carnívoros como el león de las cavernas, que se extinguió hace 12.000 años, el leopardo y la hiena de las cavernas.

Hace 14.000 años ocurrió un gran cambio ambiental en el que los bosques ganaron el terreno a las praderas. Es también cuando surgieron nuevos predadores como el lobo, el zorro y el turón. Asimismo se incorporó a la fauna del lugar el oso cavernario como demuestran las marcas de su paso en las paredes de El Juyo e incluso zonas de osera donde se refugiaban en los momentos más fríos. No fue hasta el gran cambio en las condiciones ambientales y moderó las temperatuas cuando dejó su lugar al oso pardo.

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Paisaje por donde anduvieron leones, caballos y uros prehistóricos.

Respecto a los hallazgos vegetales confirman la presencia predominante de pinos en los bosques mezclados con robles y fresnos dispersos, gran presencia de plantas herbáceas, brezos y helechos.

Así era Igollo de Camargo durante el Paleolítico Superior, un pueblo orgulloso de la cavidad que sigue siendo un secreto bien guardado entre los vecinos, pues solo los más mayores recuerdan el haber entrado a la cueva durante sus correrías al aire libre.

El Proyecto “LIFE+ Naturaleza y Biodiversidad Anillo Verde de la Bahía de Santander: conectando la naturaleza y la ciudad”, del que Fundación Naturaleza y Hombre es beneficiario coordinador, trabajará hasta 2019 en la recuperación de los espacios naturales de la Bahía de Santander.

Este programa, en el que también participa la empresa pública MARE (Medio Ambiente, Agua, Residuos y Energía de Cantabria), como beneficiario asociado, y la Consejería de Universidad e Investigación, Medio Ambiente y Política Social del Gobierno de Cantabria como cofinanciadora, creará una infraestructura verde y azul (GI&BI) que mejorará el estado de conservación de los espacios naturales y la calidad de vida de la población.